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160 Aniversario del fallecimiento del General San Martín

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Si hay un prócer que identifica a los argentinos, ése es José de San Martín, Padre de la Patria y Libertador de América.

No es casual que en la enorme mayoría de los pueblos y ciudades de nuestra patria, una calle, una plaza o una avenida lleve su nombre.

En el día del centésimo sexagésimo aniversario de su fallecimiento, es propicio repasar algunos de los aspectos más destacados de su vida, obra y pensamiento.

Hoy hemos elegido una de las facetas menos conocidas de nuestro héroe nacional, su realidad cotidiana de hombre en tiempos de paz, y su labor como padre y educador.

El retrato de un Héroe

Tanto hoy como en sus tiempos resulta difícil para quienes no lo conocieron imaginar cabalmente a este hombre, cuyas hazañas de bravura e hidalguía lo precedían.

Sin embargo, no dejaba de ser un hombre común, aunque con firmes convicciones, tal como lo demuestra un extracto de las Obras Completas de nuestro comprovinciano Juan Bautista Alberdi, quien describe con maestría la asombrosa sencillez del General San Martín.

“Mis ojos clavados en la puerta por donde debía entrar, esperaban con impaciencia el momento de su aparición. Entró por fin, con su sombrero en la mano, con la modestia y apocamiento de un hombre común. ¡Qué diferente le hallé del tipo que yo me había formado, oyendo las descripciones hiperbólicas que me habían hecho de él sus admiradores en América! Por ejemplo: Yo le esperaba más alto, y no es sino un poco más alto que los hombres de mediana estatura. Yo le creía un indio, como tantas veces me lo habían pintado, y no es más que un hombre de color moreno, de los temperamentos biliosos. Yo le suponía grueso, y si bien lo está más que cuando hacía la guerra en América, me ha parecido más bien delgado; yo creía que su aspecto y porte debían tener algo grave y solemne; pero lo hallé vivo y fácil en sus ademanes, y su marcha, aunque grave, desnuda de todo viso de afectación. Me llamó la atención su metal de voz, notablemente gruesa y varonil. Habla sin la menor afectación, con toda la llaneza de un hombre común. Al ver el modo cómo se consideraba él mismo, se diría que este hombre no había hecho nada de notable en el mundo, porque parece que él es el primero en creerlo así. Yo había oído que su salud padecía mucho, pero quedé sorprendido al verle más joven y más ágil que todos cuantos generales he conocido de la guerra de nuestra independencia, sin excluir al general Alvear, el más joven de todos. El General San Martín padece en su salud cuando está en inacción y se cura con sólo ponerse en movimiento. De aquí puede inferirse la fiebre de acción de que este hombre extraordinario debió estar poseído en los años de su tempestuosa juventud. No obstante su larga residencia en España, su acento es el mismo de nuestros hombres de América. En su casa se habla alternativamente el español y el francés. Rara vez o nunca habla de política. Jamás trae a conversación sus campañas; sin embargo le gusta hablar de empresas militares. Todo en el interior de la casa respira orden, conveniencia y buen tono. El General ocupa las habitaciones altas que miran al norte. He visto su gabinete lleno de la sencillez y método de un filósofo. Allí en el ángulo de la habitación, descansa impasible, colgada al muro, la gloriosa espada que cambió un día la faz de la América Occidental. Tuve el placer de tocarla. Tuve también el gusto de examinar muy despacio el famoso estandarte de Pizarro, que el Cabildo de Lima regaló al General. Se puede decir con verdad que el General San Martín es el vencedor de Pizarro: ¿a quién, pues, mejor que al vencedor, tocaba la bandera del vencido?”

La Educación de Merceditas

Cuando en 1817 San Martín parte desde Mendoza para cruzar los Andes en su expedición libertadora, su hija Mercedes tenía cuatro meses y se volvieron a ver en 1818 después del triunfo de Chacabuco.

Durante ese tiempo, y debido a la enfermedad de su esposa Remedios, su hija, la niña Mercedes fue criada y educada por sus abuelos, lo que derivó en una niña caprichosa y maleducada.

A su regreso, luego de que en 1824 Bolívar triunfara en Junín y Ayacucho, dando por terminada la guerra de la emancipación americana, San Martín resolvió trasladarse a Europa para dar a su hija una educación escolar esmerada por lo que el 10 de febrero de 1824 se embarcaron juntos a Europa y una vez en Francia, el General San Martín se ocupó de reeducarla.

La educación de Mercedes fue idea fija, casi obsesiva, para su padre. Respecto de como había encontrado a la niña al regresar a Buenos Aires, hará en 1828 esta confidencia a Manuel de Olazabal:

“¡Que diablos!, la chicuela era muy voluntariosa e insubordinada, ya se ve, como educada por la abuela”.

Mientras navegan, se muestra tan severo, (quizá para eliminar prontamente la inconducta), que Merceditas “la mayor parte del viaje la pasó arrestada en el camarote”

Ya en Europa decidió internar a Mercedes en un colegio inglés, del que más adelante pasará a otro sitio en el continente, el Libertador dedica a la educación de su hija Mercedes la mayor parte de los pocos bienes con que cuenta por entonces. Pero no solamente el dinero, sino, también, sus meditaciones.

Si para los granaderos había dictado un severo reglamento, un código con mucho de pedagogía castrense, para mejor guiar, para mejor formar a Mercedes, redacta en 1825 las celebres once máximas, esas que él tendrá por objetivos y a cuya lectura recurrirá con frecuencia para hacerlas realidad.

A medida que el tiempo transcurra y vea concretarse el éxito deseado, San Martín se referirá al asunto una y otra vez. Así, escribirá a Guido:

“Cada día me felicito más de mi determinación de haber conducido a mi chiquilla a Europa y arrancarla del lado de doña Tomasa; esta amable señora, con el excesivo cariño que le tenía, me la había resabiado, -como dicen los paisanos- en términos que era un diablotín. La mutación que se ha operado es tan marcada como la que ha experimentado en figura. El inglés y el francés le son tan familiares como su propio idioma, y su adelanto en el dibujo y la música son sorprendentes. Ud. me dirá que un padre es un juez muy parcial para dar su opinión, sin embargo mis observaciones son hechas con todo el desprendimiento de un extraño, porque conozco que de un juicio equivocado pende el mal éxito de su educación.”

MÁXIMAS PARA MI HIJA

  1. 1 – Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aún con los insectos que nos perjudican.
  1. 2 – Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.
  1. 3 – Inspirarle gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.
  1. 4 – Estimular en Mercedes la caridad con los pobres.
  1. 5 – Respeto sobre la propiedad ajena.
  1. 6 – Acostumbrarla a guardar un secreto.
  1. 7 – Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.
  1. 8 – Dulzura con los criados, pobres y viejos.
  1. 9 – Que hable poco y lo preciso.
  1. 10 – Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
  1. 11 – Amor al aseo y desprecio al lujo.

En su testamento el General San Martín nos deja un testimonio de la satisfacción del deber cumplido:

“Sexto: Aunque es verdad que todos mi anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura, todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz. Yo le ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi hija y nietas.”

COROLARIO

Como hemos visto en estas breves líneas, el General San Martín, como muchos otros grandes hombres de nuestra historia, están hechos de la misma madera que los simples mortales.

¿Entonces, qué es los que hace que ellos se distingan tanto del resto de los miembros de la sociedad?

La respuesta es bastante más simple y evidente de lo que podemos imaginar.

Podemos resumir que las pequeñas cualidades que hacen la gran diferencia son: el Amor a su familia y a su patria, la Firme Convicción en sus Principios, y la inquebrantable voluntad de llevar a cabo sus propósitos. Pero todo esto con la humildad y sencillez del más simple de los hombres.

Estas valiosas enseñanzas son concordantes con la filosofía del Taekwondo expresada en sus cinco principios y en los preceptos de la cultura moral.

Finalmente, y especialmente por los tiempos y los acontecimientos que vivimos en la actualidad, en los que se vislumbra que los intereses individuales prevalecen sobre los de la sociedad, en los que predominan la Ley del Menor Esfuerzo en lugar de el deseo de superación personal, deseamos finalizar este breve recordatorio al Padre de la Patria con el siguiente enunciado:

En lugar de preguntarnos ¿qué puede hacer la patria por nosotros?, preguntémonos mejor ¿qué podemos hacer hoy por nuestra patria?

Viva la Patria!

Bibliografía y Fuentes:
Instituto Nacional Sanmartiniano
Educared.com
Instituto Sanmartiniano (Enrique Mario Mayochi)
Argentinidad.com
Testamento, Pensamiento Y Máximas de José de San Martín



Categoría : Efemérides, Noticias

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